Los pilagas tradicionalmente han vivido de la recolección de frutos, caza (sobre todo de ñandú) y pesca, así como de algunas labores agrícolas, que sigue siendo la forma de vida de algunos grupos aislados. Están relacionados con los abipones, tobas y mocovíes, junto a los cuales formaron la antigua nación guaicuru
Viven en casas comunales agrupadas tradicionalmente construidas de paja y rama, bienes que han sido sustituidos con la llegada de los españoles, por materiales más duraderos.
Los hombres son los encargados de la caza y pesca, para lo que utilizan flechas, arcos, arpones y redes, práctica que siguen utilizando los pilagás más modernizados ocasionalmente. Éstos últimos, que viven en asentamientos rurales, trabajan como peones en aserraderos o algodoneras.
La vida en los poblados transcurre tranquila. Mientras el hombre busca el alimento, las mujeres mayores se encargan de su preparación.
Siguen conservando su lengua, y actualmente hay un resurgimiento de las tradiciones, como la cestería, desarrollada durante siglos utilizando como materia prima la hoja de palmera. Las comunidades actuales venden esta artesanía para subsistir.
Los pilagás más alfabetizados hablan el castellano como lengua secundaria, ya que mantienen la suya propia dentro del grupo y la transmiten a los hijos. En junio de 1997, se inició un proyecto para que el guaicurú tenga forma escrita y poder crear un diccionario guaicurú-castellano, así como transcribir textos, canciones de la lengua original. Asimismo se están formando individuos del grupo para que ejerzan una labor educativa.