
La música es una de las manifestaciones artístico-culturales más antiguas de la humanidad. Los indígenas que habitaban el actual territorio del Chaco ya habían creado, antes de la llegada de los europeos, instrumentos musicales para expresar las necesidades espirituales básicas que posee todo grupo humano.
Con el contacto con los europeos se produce un proceso de fusión entre ambas culturas, lo que da lugar a nuevos instrumentos musicales.
Entre los instrumentos tradicionales de nuestro suelo, algunos de muchos siglos de antigüedad, encontramos:
El sonajero de uñas:
generalmente uñas de guasuncho que colgaban de cuerdas de chaguar y que los brujos wichí agitaban con sus manos en las ceremonias. También se colgaban de las muñecas, o a manera de cinturón, o en los tobillos, cuando danzaban sus hombres. Las mujeres sólo podían usarlo atado al extremo de un palo, pues era un instrumento esencialmente masculino.
El sonajero de calabaza:
instrumento de sacudimien-to formado por una calabaza en cuyo interior se habían introducido semillas. Su uso era exclusivamente masculino y se encontraba dentro de las costumbres musicales de los wichí, tobas, pilagás, chorote, nivakle, etc.
Los tambores:
fueron instrumentos usados por todas las tribus chaqueñas, de forma y material variado. Generalmente se usaba un tronco vaciado de palo borracho con una tapa de piel de guasuncho. Entre los tobas podía ser usado por ambos sexos, pero en el resto de los grupos sólo podía ser ejecutado por los hombres.